Sunday, August 27, 2006

Un momento de alegria

El escenario del vagón cuatro del metro es abandonado por el merolico de las gotas milagrosas en la estación Observatorio, e inmediatamente tomado por el payasito y la payasita cuyo escaso maquillaje no alcanza a ocultar sus ojos tristes.

–Estimados pasajeros: nosotros no venimos a pedir limosna.
–Claro que no, ¡venimos a exigirla!
–No payasita, venimos a hacerle pasar a los pasajeros un momento de alegría.
–¿Y cómo vamos a hacer eso?
–Primero que nada, salude usted a la gente.
–Pero si son muchos, nunca voy a terminar.
–¡No sea payasa!, salúdelos con la boca.
–A ver señor pasajero, pare usted la trompita.
–¡Así no sonsa!, con la lengua.
–Huy joven, ahora si va usted a salir rayado.
–Me refiero a que los salude con palabras.
–Por ahí hubieras empezado, ¡buenas tardes señores pasajeros!

El vagón es una gran lata de sardinas en donde el calor de la gente se suma al calor del mediodía. Hay caras largas, caras cansadas, caras dormidas. Los cuerpos se frotan unos con otros. Transpiran. Los olores se mezclan formando uno solo. Sauna, masaje y viaje, así es el metro.

–Y dígame: ¿usted en qué trabaja?
–Yo trabajo en la ataide.
–¿En el circo atayde?
–No, trabajo en la ataide, en la noche y en la mañana...
–Lo que yo quiero saber es porqué es usted payasita.
–Pues porque traigo la cara pintada.
–¿Pero porqué trabaja en esto?
–No sepo
–Se dice: no sé.
–Ah pues no sabo
–¡No sé!
–¿Si no sabes pa´ qué me interrumpes?

Cada pasajero parece ajeno a lo que sucede a su alrededor, Tan cerca los cuerpos, tan lejos las mentes. Los ejecutivos de traje y corbata. Los viejitos con la esperanza depositada en las gotas milagrosas. Las niñas punk mostrando sus tatuajes nuevos. El darketo preocupado porque no se corra su maquillaje. La señora embarazada esperando a que alguien le ceda el lugar. El joven de los audífonos ignorando a la señora embarazada.

–En mi casa siempre fuimos pobres.
–¿Que tan pobres eran ustedes?
–Tan pobres que en lugar de usar camisa, mi mama nos pintaba los botones en el pecho.
–No me diga, ¿tanto así?
–Si, éramos tan pobres que comíamos a la carta.
–Oiga payasita, comer a la carta es un lujo.
–No, nosotros tomábamos la baraja y el que sacara la carta mas alta, comía.
–Payasita, en vez de causar penas, despídase usted de los pasajeros.
–Hasta luego señores pasajeros, muchas gracias por permitirnos traerles este momento de alegría.
–Con lo que guste cooperar, recuerde que nosotros no venimos a pedir limosna...

Cuatro pesos y cincuenta centavos después, los ojos tristes y el escaso maquillaje descienden del vagón cuatro del metro. Una estación mas para algunos, una estación menos para otros. Es turno del ciego del acordeón, quien toma su lugar habitual. Ahora el ambiente es invadido por el calor, por los olores que se confunden y por un ruido que se alcanza a distinguir como los caminos de Michoacán...



TEXTO: FRANCISCO MATA
FOTOGRAFIA: FRANCISCO MATA ROSAS

Saturday, June 17, 2006

Génesis

Adán

Yo me sentía solo y le pedí que hiciera a alguien igual a mí. Cuando abriste los ojos sentí un vacío en el pecho, no era solo la ausencia de una costilla, era el aire que me faltaba con solo mirarte, era amor.

Y me dediqué solo a ti, a cuidarte, a cumplir todos tus caprichos. Pero él se puso celoso, me olvidé de adorarlo por estar contigo. El pretexto fue probar el fruto prohibido, aquella vez que nos convertimos en uno solo, y supe que eras la mitad que me faltaba. Fuiste mi premio y mi castigo. Te cambié por mi dios y lo volvería a hacer, una y otra vez.

Soy víctima de un Dios
frágil, temperamental…
lo regalado es mío y se acabó
no lo devuelvo

Eva

Cuando abrí los ojos estabas ahí, tan perfecto, me observabas incrédulo, de inmediato notaste mis diferencias y sonreíste.

Cóncavo y convexo – debiste pensar
Que lindos ojos – pensé yo

Estar juntos era el fin, podíamos andar y desandar, éramos exactos, perfectos, hechos con la mejor materia, con todo el cuidado de ser los primeros.

Entonces sucedió, probamos el fruto prohibido, la serpiente me invitó y no pude negarme, no la culpo, al contrario, era delicioso y lo compartí contigo, recibimos el castigo. Valió la pena.

Un Dios triste y envidioso nos castigó
Por trepar juntos al árbol
Y atracarnos con la flor de la pasión
Por probar aquel sabor

TEXTO: MARIA DE JESÚS DE ANDA/FRANCISCO MATA
FOTO: FRANCISCO MATA ROSAS

Sunday, March 12, 2006

Mujeres de Magdala

Son muchas mis mujeres de Magdala, aun lloran por aquel su triste pasado, aun son distinguidas entre las demás por ser Magdalenas, como aquella, la María, la que amo indiscriminadamente y cambió su vida por aquel hombre hijo de un dios.

Ustedes no han podido cambiar nada, porque nada les han dado. Vistas como putas sin llegar a serlo, deseando ocultamente la práctica del título, desgastando la tristeza por querer y no poder.

Quieren derramar perfumes y dejar morir hermanos, llorar desconsoladas ante una cruz, mientras la tierra tiembla de temor o regocijo. Pero ya no es posible, el tiempo de los milagros se acabó, ya no hay dioses en la tierra, ni putas apedreadas.

Tampoco hay amores que valgan.


AUTOR: MARIA DE JESUS DE ANDA

Tuesday, September 06, 2005

Allí fué el acabose...

" Y allí fue el acabose.
La gente se postraba frente a Él
y le pedía milagros…"
FOTOGRAFIA: ROSA REVSIN
TEXTO: JUAN RULFO

Suerte

En el mar la vida es mas sabrosa.
La mamá de la Carmen había pasado toda la mañana preparando sopa de mariscos, ya que era su cumpleaños. Desde entonces aborrezco los mariscos. No se específicamente qué estaba echado a perder: el pulpo, los camarones, los ostiones, los caracoles, los cayos de hacha. A lo mejor fue tanto chile que le eché. La única que se enfermó fui yo.

En el mar te quiero mucho mas.
Me enamoré de ti sin conocernos. La Carmen se emocionaba con tus e-mails, me explicaba todo aquello que escribías entre líneas y muchas veces me dio consejos para seguir con ese amor a distancia. Yo aquí y tu en Monterrey.

Con el sol, la luna y las estrellas.
Cómo olvidar ese día que fui por ti al aeropuerto. Le pedí la camioneta a mi mamá y la Carmen me acompañó. Yo saltaba de felicidad al verte venir hacia mi. Resultaste ser mas alto de lo que imaginé y mucho mas blanco. No lo podía creer cuando me abrazaste y me diste un beso en la frente. Mi príncipe azul venía a rescatar a su sirenita.

En el mar todo es felicidad.
Después de que te dejamos en el hotel fui a casa de Carmen a comer sopa de mariscos, pues era su cumpleaños. Al terminar el plato de sopa tuvieron que llamar al doctor porque comencé a vomitar. Me la pasé en mi casa vomitando y con diarrea sin poder estar contigo. La Carmen se ofreció a llevarte a la playa y pasearte para que no desaprovecharas tus vacaciones. Cuando me alivié después de diez kilos menos, solo me tocó despedirme de ti en el aeropuerto con un gran abrazo y un hermoso beso en la frente. Hoy me encontré a su sobrina y me dijo que la Carmen se había ido a Monterrey con un chavo de allá que había conocido el mismo día de su cumpleaños. ¡Que suerte ha tenido siempre la Carmen!.

AUTOR: CONSTANZA ROJAS

La valentía de ser un suicida

-Llamo para que sean testigos de mi muerte-
-¿Cómo dice?-
-Que tengo a mi lado una cuchilla y me voy a cortar las venas-
-¡No, no lo haga! Dígame ¿dónde está?-
-No voy a decirle nada, ya le he dicho que me voy a quitar la vida, no tiene sentido seguir viviendo-
-No diga eso, no es cierto y lo sabe-
-Sí, claro que es cierto, todo es una mierda, todo es mentira-
-Algo tiene que haber que le merezca la pena lo suficiente como para seguir viviendo; dígame cómo se llama-
-No le voy a decir nada…me voy a quitar la vida, voy a cortarme las venas…con la cuchilla-
-¡No lo haga, por favor, hable conmigo!...¿oiga? ¿oiga? ¿sigue ahí?-
-Ya es tarde…-
-¿Oiga? ¡por favor, contésteme! ¿sigue ahí? ¡queremos ayudarle pero me tiene que decir dónde está! ¿oiga?-

La sala se mueve y las luces se superponen comenzando a girar como un tiovivo, algo así debe ser morirse, debo estar muriéndome, sin embargo, ahora me siento aún más solo que estando vivo, todo es más oscuro, más frío…más mentira.

-¿Dígame?-
-necesito un médico…-
-¿qué le ocurre, tiene alguna emergencia?-
-necesito un médico, creo que me estoy muriendo…-

TEXTO: ÁNGELA CALDERÓN
FOTOGRAFIA: PATRICIA ARIDJIS

Sunday, September 04, 2005

Crónica de un encuentro

Apareció en el umbral de la habitación, su esbelta figura se le antojaba hermosa. Ella, recostada sobre la cama, semidesnuda, esperando ansiosa en la penumbra de la estancia casi vacía.
Simuló estar dormida. Él, para no despertarla, entró lentamente y al verla no pudo resistir, se acercó silenciosamente, con cuidado acaricio su pelo y besó su frente, un suspiro le avisó que había despertado.
Se besaron en silencio, las caricias brotaron sin pensarlo, sus ropas desaparecieron y sus entrelazados cuerpos desnudos apenas se distinguían ante la tenue luz de una vieja lámpara de mesa. La habitación se inundó de gemidos y susurros que solo ellos podían escuchar. Sus cuerpos se humedecieron con el dulce néctar que destila el amor cuando se mezcla con la pasión y el deseo.
Sus manos recorrieron sus cuerpos y sus labios saborearon su piel. El ambiente se llenó de tierna melancolía por el encuentro de dos cuerpos prohibidos. Hablaron de lo posible y lo fantástico, y de lo fantásticamente posible. Recordaron que había pasado mucho tiempo desde que él llegó y supieron que el momento de separarse había llegado.
No acertaban asegurar un nuevo encuentro, pero indudablemente lo deseaban. El silencio invadió el espacio y los amantes se miraron a los ojos, solo un suspiro exhalado de lo mas profundo de su ser interrumpió la quietud.

AUTOR: MARIA DE JESÚS DE ANDA

Etoy Ronca

Por un camino solitario iba una negra montada en una burra: trus, trus, trus, trus, cuando de repente "¡Ay, Jesú!" gritó la negra dando un brinco junto con la burra: de las chacras vecinas había entrado en el camino un negro montado en un burro. Pero en seguida la negra se dio cuenta que era su compadre y, abanicándose con la mano y al mismo tiempo resoplando, le dijo:
-Qué suto mia dao uté, compaire.
-Hola, comairita, cómo etá uté.
Y montados sobre sus animales se fueron juntos por el camino.
-Compaire- dijo más adelante la negra mirando al negro por el rabillo del ojo-, el camino ta solito.
-Ujú- dijo el negro sin mirarla.
Siguieron avanzando y la negra nuevamente habló:
-Compaire, yo le tengo miedo a uté.
-¿Ujú?- dijo el negro, esta vez también sin mirarla.
Al llegar donde el camino trazaba una curva prolongada, la negra volvió a hablar:
-Compaire, uté me quiede tumbá.
Entonces el negro la miró y dijo:
-Comairita, si yo la tumbo en ete camino, ¿uté grita?
-No, compaire, poque hata ronca etoy.

MONOLOGO DESDE LAS TINIEBLAS (extracto)
AUTOR: ANTONIO GALVEZ RONCEROS

Palabra de Dios
















"Esta es... Palabra de Dios".


FOTOGRAFIA: FRANCISCO MATA ROSAS

Thursday, September 01, 2005

Crema de Verduras

Se enamoró de la chica del puesto de verduras desde el primer momento en que la vio. Decidió que tenía que conquistarla, que era la mujer de su vida, que con su sonrisa de clorofila sería la persona que cosecharía sus campos en eterno barbecho, la que lograría sacarlo de su lechuguina existencia, la que teñiría todo de verde esperanza. Así que, tras cerca de un año de comprar verduras en su puesto dos o tres veces por semana, de rozar el vegetarianismo, de flirtear entre tomates como corazones y coliflores como cupidos, una tarde se decidió a invitarla a cenar en su casa, y recibió como respuesta un si que cayó como una milagrosa lluvia en mitad de la sequía más cruel. El día de la cena salió del mercado harta de tanta berza, tanta lechuga y tanto calabacín, pensando, que quizás, el lograría cambiar el rumbo de su agrícola vida. Se arregló como hacía mucho tiempo que no lo hacía, pasó incluso por la peluquería para peinarse, deseaba que todo fuera perfecto. Toda su ilusión se vino abajo al instante cuando, con todo el cariño, el preparó para cenar lo que mejor sabía preparar, su plato estrella, una finísima crema de verduras.

Publicado en: www.elfrascodelodio.com

Aún no me sé tu cuerpo

Aún no se me tu cuerpo de memoria, tan es así que puedo cerrar los ojos e imaginar que estoy haciendo el amor con cualquiera, con Penélope Cruz o con María de Magdala, con tu madre e incluso contigo. Tu también cierras los ojos, tu también imaginas que no eres tu la que hace el amor conmigo. Entonces dejamos sobre la cama ese par de depravados y te invito al parque a tomar un helado.

–¿Quién era?– me preguntas.
–¿Quién era quien?– te contesto.
–En la que pensabas cuando hacíamos el amor.
–No estaba pensando en ese momento.
–Sabes a lo que me refiero.
–Bueno, tal vez un poco en Christina Aguilera.
–¡Pero si ni siquiera soy güera!
–¿Y eso qué?
–Mmmm.... y qué ¿te gustó?
–Si, si me gustó.
–¿Cuánto?
–Mucho.
–¿Más que cuando lo haces conmigo?
–¡Lo hice contigo!
–No has respondido a mi pregunta: ¿más que cuando lo haces conmigo?
–Bueno.... si.
–¿De qué quieres tu helado?
–De vainilla.